‘Buscando un sueño’, el libro de la discordia

Desde que se pusiera a la venta hace una semana y se publicaran las primeras entrevistas, Miguel Ángel Rubiño ha visto aumentar con buen ritmo el número de comentarios hacia su primer libro: Buscando un sueño. A pesar de que las ventas llevan una buena trayectoria, gran parte de las críticas recibidas no han sido positivas, sino que han dirigido todo tipo de descalificativos contra sus dotes literarias y su propia persona. El libro, que ya se encuentra disponible en formato papel y digital, narra la vida del autor desde su infancia, una época donde la ternura de los primeros años se vio eclipsada por la epilepsia y los problemas familiares. Esta fue la primera losa de acero que cayó sobre él y que le advirtió sobre la dureza que el mundo puede mostrar sin atender a edades o circunstancias personales.

Todo parece normal hasta aquí, por lo que resulta extraño que un número tan significativo de personas se unan en una oleada de desprecio. El origen de tal polémica se encuentra en dos puntos: en primer lugar, Miguel Ángel Rubiño ha reconocido públicamente que su cultura literaria es prácticamente nula debido a su origen humilde. No obstante, la crítica no acepta su respuesta como una excusa, alegando que sus capacidades para la prosa son nulas y que, antes de meterse a tal oficio, debería aprender unas cuantas lecciones sobre ortografía, gramática, literatura… A esto, los lectores añaden otra laguna: la total falta de talento y sensibilidad del autor. Básicamente, según las opiniones expuestas, el libro –escrito en tan solo quince días– es una serie de frases inconexas y momentos desordenados, sin lógica alguna.

En segundo lugar, como biografía que es, los hechos quedan sujetos al punto de vista de Miguel Ángel Rubiño, aunque ya se sabe: hay tantas realidades como personas, no una única y absoluta. Esto ha provocado que su círculo más cercano salga a la palestra pidiendo al autor que deje de mentir y cuente el mal comportamiento que ha tenido con amigos y familiares. Sí, las críticas han excedido el ámbito puramente literario, que es el que realmente debería importar. Pero Buscando un sueño trata ciertos temas delicados, como agresiones y drogas, que son difíciles de pasar por alto. Especialmente, cuando se cuentan los acontecimientos sin pudor, con nombres y apellidos. Sin ir más lejos, las memorias de Arantxa Sánchez Vicario quebraron las relaciones de la tenista con su familia, a quienes acusó de coartar su libertad y de llevar una administración dudosa de sus ganancias.

Dejando a un lado el sensacionalismo y volviendo a la narración, el libro arranca con un Miguel Ángel pueril y se centra en los hechos más importantes de su vida hasta alcanzar prácticamente la treintena. Entre estos acontecimientos, el autor describe cómo fue su infancia, cómo lidió con su prematura enfermedad y lo complejo de su entorno familiar: padres sordos, una hermana esquizofrénica y un hermano puñetero.

También cuenta cuáles fueron los miembros de su familia más importantes para él, tanto en el buen como en el mal sentido. Así, el hermano mayor viene a hacer el papel de antagonista. Miguel Ángel siente que su hermano es muy duro, que se excede negativamente en su trato y se mete a menudo con él; que le ayuda para dejarle tirado después como si no fuera más que escombros en la puerta de casa.

Asimismo, destaca la relación con dos de sus tíos y con su abuelo materno. Por un lado, presenta a su tío Antonio, su padrino, hermano de su padre y abogado. Para Miguel Ángel, narrador y protagonista, es la figura del salvador, el que ayuda a su familia cuando llegan los chaparrones y los líos godos. En definitiva, el que siempre está ahí a las duras y a las maduras. Por otra parte, muestra a la familia materna, centrada en un abuelo antiguo que educa a base de palos y un tío orgulloso y hermético al cual solo le importa el trabajo. Y en ese empeño por el trabajo familiar, el protagonista no halla una mano amiga; se siente ahogado, sobrepasado, y este hecho le lleva a buscarse la vida por sus propios medios siendo tan solo un chaval.

En este contexto de temprana madurez, Miguel Ángel se marcha a Barcelona y empieza a trabajar en un mesón. Se mueve en un ambiente distinto, conoce caras nuevas y encadena relaciones que no llevan a ninguna parte. Hasta que encuentra a alguien más especial: una muchacha con la que realmente se involucra emocionalmente, con la que siente que quiere pasar sus días. Sin embargo, las cosas empiezan a torcerse en la vida del protagonista y surgen los primeros problemas en el trabajo. Aunque su pareja le ayuda y es importante, él siente que no puede cumplir con las expectativas, que da menos de lo que la chica le pide.

Luego vendrá el intento por cumplir su sueño de entrar en el ejército y su consiguiente marcha a Madrid. Pero aquí sucederán más problemas, asuntos muy turbios con los que tendrá que lidiar y que resaltan una vez más que el autor se encuentra en una constante adversidad. Y esa fatalidad no solo apoya el mensaje de Miguel Ángel Rubiño de aprender la parte buena de los golpes. También hace más interesante el relato junto a las aventuras que vive con sus camaradas, esas niñatadas típicas de un niño de barrio que cree comerse el mundo cuando sale de juerga.

Lo que quiero transmitir con esta obra es que dejemos de enfermar por esta sociedad capitalista, que volvamos a tener la inocencia que teníamos de niños y luchemos siempre por nosotros mismos, sin cambiar nunca. Simplemente, que seamos felices y fuertes en todo, y valoremos la vida. Ser valientes, con mucho coraje, pero siempre con sencillez y dignidad, esos son mis adjetivos principales.

Desde luego, Buscando un sueño –que contará con una segunda parte– no hace alarde de poesía. Es una literatura primitiva en la que cobra más importancia la intención y el estilo del autor que la prosa. Cada palabra, cada página, cada cambio de sentido… Toda la novela resulta profundamente visceral, está plagada de recuerdos y sentimientos escupidos, sacados de lo más profundo, sin filtros. Igual que un pintor salpica con el pincel sobre el lienzo en vez de pulir el trazo, el autor intenta arrancarse un pedazo y despojarse de él, de todo aquello negativo que ha sufrido y que hoy le hace ser quien es. Como un desgarro en el alma misma que, como autobiografía que es, intenta mostrar un punto de vista entre tantos otros: su vida. Lo que hay de verdad y de mentira queda fuera de la literatura.

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