'Los secretos agravios', una historia policíaca en las calles de La Habana

Vicente Monzón ha presentado su novela Los secretos agravios, ambientada en la Cuba de los años noventa. Una atmósfera opresiva se cierne sobre la ciudad de La Habana robándole el color a sus calles. El país atraviesa el Periodo Especial, una etapa dura en su historia: balseros, jineteras, corrupción etc.

El protagonista es Desiderio Vigil, un policía jubilado que descubre que un antiguo discípulo se dedica ahora a asesinar delincuentes. Desiderio es un hombre de ley y acérrimo cumplidor del deber, lo que le impulsa a involucrarse en el caso a pesar de estar retirado. Además, el teniente está unido emocionalmente al asesino, ya que es un antiguo amigo de sus hijos, ahora exiliados.

Esta cuestión, la añoranza en el exilio, atraviesa toda la novela. Y es que, como dice el autor: “No he podido mirar hacia los lados sin encontrarme desarraigos y amputaciones familiares a causa del exilio en amigos, conocidos, desconocidos y vecinos. Incluso desde antes de mi nacimiento, pues mi familia es de exiliados políticos españoles (republicanos comunistas, precisamente). El exilio, el extrañamiento y el cisma familiar me han perseguido y rodeado desde siempre”.

A pesar de todo, hay espacio para el humor, aunque sea en tono de sarcasmo. La novela trasciende el género policíaco y es también una radiografía político-social de la sociedad de la época; el lector se verá transportado a las calles de La Habana, por las que paseará, a lo largo de tres intensos días, de la mano de personajes con un trasfondo psicológico muy elaborado.

Los secretos agravios no es, ni mucho menos, la primera novela de Vicente Monzón. Se trata de un escritor consolidado que ha publicado obras como Horno para bollos y los recopilatorios de relatos Nones de par en par y Cuentos sin edad. Además, este prolífico autor se dedica profesionalmente a la radio, en modalidades como el radioteatro o la radionovela histórica; sus piezas pueden escucharse en Radio Progreso. Sobre las diferencias que existen entre el formato novela y el radiofónico, Vicente apunta que, aunque ambos son literatura, en la radio los personajes tienen más protagonismo y los tiempos se aceleran. En la novela, el autor tiene la posibilidad de explorar, a través del narrador, las personalidades de las diferentes voces. Y Vicente Monzón lo hace de manera magistral.

Al final de la novela, envuelta en una marea de emociones y suspense, aguardan sorpresas que el lector tendrá que descubrir por su cuenta y riesgo. La siguiente frase sobre el teniente Vigil puede servir de adelanto: “[…] no solo había dado con el asesino, también con la ficción de sus crímenes”.

Vicente Monzón está trabajando actualmente en diversos proyectos que amenazan con tenerle entretenido los próximos meses. Retomará su novela La quimera de Firgas (acerca de los amores de una pastora canaria con un tripulante de las carabelas de Colón y de un famoso silbo canario que vino a Cuba con estas) y convertirá cuatro radionovelas en libros. Una de ellas es una novela juvenil de aventuras, Perdidos en Tenochtitlán, que tendrá ilustraciones.

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