FATCA y el gran juego de romper piñatas

Los Estados Unidos tienen un problema: 22.110.000.000.000$ es la cifra de su deuda nacional y como una bomba de relojería está a punto de reventar el sueño del american dream de la última década. Pero Washington tiene un plan. Las piezas ya están puestas y como en un juego de gran estrategia está a solo dos movimientos de hacer jaque mate a las economías Europeas. Pero vayamos por partes.

Posiblemente algunos de vosotros hayan recibido del banco una extraña carta en un tono bastante amenazador pidiendo datos en cumplimiento de una ley llamada FATCA. La gente pregunta en los foros: ¿para qué es esto? – *cri*cri*cri* – ¿Nadie?. Pregunta al banco y te dirán que simplemente rellenalo, se lo envías y… no habrá ningún problema…

Bueno, la realidad es que esa información con todos tus datos personales y tus datos bancarios puede que acaben en alguna agencia de los Estados Unidos. Pero tranquilos, porque seguramente pensáis que no tenéis nada que ocultar. Solo estarán buscando criminales y evasores fiscales… Quizás posiblemente solo hayáis hecho una transferencia a Paypal o a un cuenta de valores en los Estados Unidos y al banco les ha saltado una lucecita roja. Pero no hay ningún funcionario mirando y revisando tus cuentas, todo forma parte de un sistema de monitorización automática del Gran Hermano.

Quizás sí deberías preocuparos porque podrías haber cometido un delito. Si con esa transferencia se ha pagado el hotel de un viaje a Cuba, podrías tener un problema con las autoridades estadounidenses. Así son sus leyes. Pero quizás tu seas un español de esos que el fútbol es más que un deporte, una fiesta, y la siesta veraniega un derecho que debería estar recogido en La Constitución. Que esto es España y aquí las leyes americanas no pintan nada. Pero la información es poder y quizás algunos se han fijado que desde hace tiempo el término USA se utiliza cada vez menos en favor de US. Como si la soberanía de los Estados Unidos ya no se limitara solo al continente americano.

Sin embargo, si eres ciudadano estadounidense, el mensaje del banco con la palabra FATCA deben hacerte saltar todas las alarmas y huir de ese banco como de la peste. Debo deciros que desde hace unos pocos años los ciudadanos americanos que viven fuera de sus fronteras andan deambulando de banco en banco, mientras suplican ayuda a otros gobiernos, que miran para otro lado. ¿Qué está pasando?

Yo soy uno de esos que llaman “ciudadanos americanos por accidente”. Nací en tierras americanas y soy como muchos otros europeos con dos nacionalidades que han vivido toda su vida en Europa. Aunque en la mayoría de los países no existe un acuerdo de doble nacionalidad con los Estados Unidos, no significa que tenga todo dios lo tenga. Muchos son ciudadanos, sin ni siquiera haberla pedido, porque si has nacido ahí o uno de tus padres en estadounidense y pasa el qualified test, el bebé tiene automáticamente la nacionalidad estadounidense.

Tenía ese pasaporte olvidado en un cajón y solo me acordé de renovarlo cuando viajé a visitar la Gran Manzana; pero me hacía sentir ser especial. Ya sabéis, la tierra de Microsoft, Elon Musk, Disney, las estrellas de Hollywood, y la nación que plantaba cara a las invasiones alienígenas. Pero desde hace un tiempo esa visión idealizada ha chocado cruelmente con la dura realidad y ahora niego rotundamente cualquier relación con los Estados Unidos; como si hubiese caído sobre mí una maldición.

La culpa es FATCA, que paradógicamente es una ley estadounidense y está perjudicando, y mucho, a sus propios ciudadanos que viven fuera de los Estados Unidos a niveles de tragedia personal, familiar y ruina económica. Podéis acudir a la wikipedia para leer un poco sobre el tema, pero yo trataré de explicarlo de otra manera, que os ayude mejor a entender qué está pasando. Para empezar los Estados Unidos tienen un serio problema que se resume en una cifra:

22.111.000.000.000$

Cuando uno ve un número con tantas cifras, ya no se sabe si se trata de billones, chillones o el número de estrellas en el universo. Esa es la deuda nacional de los Estados Unidos. Es una bomba de relojería que la OCDE y el resto del mundo ven con ojos asustados y que hará saltar en cualquier momento la economía mundial.

Pero los Estados Unidos en la última década están viviendo el american dream y todavía no se han despertado. Mientras el resto del mundo todavía se está lamiendo las cicatrices de la última recesión, los Estados Unidos lucen con orgullo como sus índices bursátiles rompen año tras año récords de máximos históricos, como si esto no tuviera nunca fin, olvidando la crisis de las suprime; ya sabéis, esa que provocaron los ninja. Elon Musk sigue con su sueño de crear una colonia en Marte, la NASA anuncia sus intenciones de regresar a la Luna en el 50 aniversario, el Departamento de Defensa luce sus planes para los nuevos diez superportaviones de segunda generación, mientras trata de vender sus aviones de combate F35, después de un disparatado coste de desarrollo. Todo está a punto de colapsarse por una deuda insostenible y el sueño convertirse en pesadilla. Y Washington lo sabe, pero tiene un plan.

Pero hay que retroceder 10 años cuando las portadas de los titulares todavía estaban calientes por el escándalo de la lista Falciani y el banco suizo UBS en las que se revelaban tramas millonarias para evadir impuestos, Barack Obama tomó la iniciativa para poner fin a la lacra de la evasión fiscal y firmó el Foreign Account Tax Compliance Act (FATCA) o Ley de cumplimiento tributario de cuentas extranjeras, con el aplauso del público.

Para que nos entendamos, FATCA es el brazo de Washington que el diario The Economist describió como de “injerencia extraterritorial inaudita, incluso para los estándares de Washinton”. FATCA obliga a todos los bancos extranjeros, independientemente de donde operen, de informar sobre cualquier sospechoso de tener obligaciones fiscales con los Estados Unidos, a juicio de sus propias leyes, y a bloquear cuentas sospechosas a petición de las autoridades estadounidenses. Así, sin jueces por medio.

Los bancos internacionales y el resto de los gobiernos levantaron la ceja incrédulos hasta dónde sería Washington capaz de imponer tales exigencias. Mientras el resto de los países de la OCDE trabajaban en su propio sistema CRC, para el intercambio de información bancaria, en el que paradójicamente no está Estados Unidos. Entonces, el Tio Sam demostró hasta donde puede llegar con una contundencia y violencia más desproporcionada de la que nos tiene acostumbrados y ametralló a los bancos suizos. Los mismos que se habían ganado las antipatías del mundo con su secreto bancario y maletines cruzando los Alpes, mientras la gente todavía sufría los coletazos de la crisis.

La Agencia Tributaria Estadounidense había detectado la insólita cifra de de 48 mil millones de euros de fraude fiscal en cuentas que se utilizaban para ocultar dinero con obligaciones fiscales. Los bancos suizos fueron bateados con una multa histórica de 1,3 mil millones que les dejó al borde de la quiebra. Por supuesto, los Estados Unidos no tienen mucho poder legislativo en Suiza, pero sí puede saquear a su antojo las filiales de esos bancos en su propio territorio. Luego le siguieron los bancos HSBC, Deutschbank, … Es cierto que los bancos suizos han sido utilizados tradicionalmente para ocultar dinero y evadir impuestos, pero cualquiera con un poco sentido crítico debería levantar la ceja incrédulo porque una cifra equivalente al 10% del producto interior de Suiza requiere de alguna explicación adicional.

En (casi) todo el mundo se utiliza el criterio RBT (Resident Based Taxation); esto es que se pagan impuestos en el país de residencia. Sin embargo, los Estados Unidos utilizan el criterio de ciudadanía CBT (Citizen Based Taxation); esto es que cualquiera que tenga una vinculación con la ciudadanía estadounidense está obligado al pago global de impuestos al estado norteamericano, independientemente de donde resida, del origen de sus ingresos o ya esté pagando otros impuestos en el país de residencia, de por vida.

La mayoría de los países tienen acuerdos bilaterales para evitar la doble imposición. Normalmente los impuestos son más altos en Europa y por tanto no se debe nada al fisco americano, pero eso no exime de la obligación de hacer la declaración de bienes ingresos al Internal Revenue Service (IRS), que es la autoridad fiscal en los Estados Unidos. Nadie duda que algunas de esas cuentas se tratara de algún ricachón con cara de monopoly, que se creía más listo que nadie. Pero en su gran mayoría eran de gente normal, que realmente no debían nada, pero fueron sancionados con el 40% de los ahorros de toda una vida. Mención especial tienen los planes de pensiones. Para eso hay una casilla “planes de pensiones”, pero en la declaración de ingresos americana considera que se tratan de “inversiones financieras”. Como son dos conceptos diferentes el convenio de doble imposición no es aplicable y no se pueden deducir os impuestos locales; por lo que pagan impuestos dos veces. Pero sí eran evasores fiscales. Miles de vidas fueron destrozadas ante el aplauso general del público, mientras en los bares se oía un “que se jodan”.

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Lo cierto es que la obligación de informar todos los bienes al IRS no es nuevo. Pero como no existía información sobre las actividades económicas de los estadounidenses en otros países, en la práctica no se exigía y tampoco existió una voluntad de perseguirlos fuera de sus fronteras. Incluso los emigrantes americanos se olvidaban de los engorrosos trámites tributarios o desconocían que tenían esas obligaciones fuera de su país. Aunque siempre hay algún tozudo que piensa que hacer la declaración de bienes e ingresos no es una obligación sino el ejercicio de un derecho como ciudadano.

Hay que comprender una cosa. Las leyes fiscales estadounidenses son las más complicadas del mundo. Yo mismo acudí a un asesor fiscal para que me ayudase, porque no tenía ni idea de cómo va el tema si me quería hacer trabajador autónomo en España. El auditor puso un enorme taco de unos doscientos folios sobre la mesa.

– ¿¡Me tengo que leer todo esooo!?

– No, no, este es el formulario para la declaración anual de impuestos. Las instrucciones son todos esos libros que están en las estanterías por toda la sala. Pero antes de eso hay que hacer un trámite para pedir el número americano de identificación fiscal para empresas TIN e inscribirse en el programa Obama Care y también ahora va salir una nueva ley GILTI… Pero no se preocupe yo estoy aquí para ayudarte, aunque… le advierto que mis tarifas no son baratas.

El lobby de los asesores fiscales en los Estados Unidos es uno de los más poderosos porque es muy fácil hacerse amigo de las personas más influyentes cuando consigues que por arte de la magia de la ingeniería fiscal paguen menos impuestos que sus secretarias. En los Estados Unidos, reforma tras reforma fiscal, los trámites, casillas y procedimientos se han ido apilando hasta niveles absurdos y las sanciones por equivocarse de casilla o no presentar las declaraciones a niveles confiscatorios.

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El gobierno estadounidense ha engañado a los otros gobiernos diciendo que con la implementación de FATCA no hay una voluntad de recaudar impuestos. Porque cuando abres la puerta la información se escapa. Aunque existan protocolos para que se mantenga en canales seguros, es como esos candados TSA que te obligan a llevar en los aeropuertos para que la autoridades puedan abrir la maleta con una llave maestra y revisar tu equipaje. En realidad, esos candados solo sirven para alejar a las personas honradas, porque alguien con intenciones de abrirlos, las llaves maestras las venden los chinos en Amazon. En el trasiego de información y formularios hay en medio funcionarios, personal de banca, administradores de sistemas y hackers. Y hay mucho interés en acceder a toda esa información.

En los Estados Unidos, aquellos que denuncien delitos fiscales tienen derecho a reclamar hasta el 50% de lo recaudado. A la más pura tradición western, existen por toda la nación caza-recompensas buscando incriminar posibles evasores, aunque sean por los temas más nimios. Y esos 9 millones de ciudadanos estadounidenses que viven fuera de las fronteras, que en un altísimo número desconocen o no quieren tener ninguna obligación fiscal con la administración estadounidense, es una mina de oro.

No quiero culpar a toda la sociedad americana por la falta de escrúpulos de algunos. En los Estados Unidos me he cruzado con las personas más excéntricas y amables que he conocido, que no dudan en pararse para ayudar o abrir las puertas de su casa y tratarte como uno más de la familia. Pero es una sociedad inmisericorde con los que no tienen ingresos. No poder pagar el seguro médico es casi una sentencia de muerte para tu familia. En ese entorno impera la ley del dinero y es muy fácil perder los escrúpulos.

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Los bancos suizos aprendieron la lección y desde entonces los clientes estadounidenses son tóxicos y todos los bancos en Europa les tratan como si fueran unos apestados. Se les niega abrir cuentas bancarias para evitarse problemas con las autoridades estadounidenses. En realidad, no es totalmente cierto. Todo depende del número de cifras que el cliente quiere ingresar y si merece la pena asumir los riesgos. Pero para una persona humilde que quiera pedir un crédito o abrir una cuenta para cobrar su nómina, se les señala el cartel en la puerta que dice: “Se reserva el derecho de admisión”, alegando que no han pasado los criterios de riesgo.

Para muchos estadounidenses se ha convertido en inviable mantener la ciudadanía fuera de sus fronteras. Porque aunque intenten cumplir con sus obligaciones, no tienen acceso a los mismos programas informáticos para rellenar formularios y sufren la ambigüedad de lidiar con dos sistemas fiscales y las conversiones entre monedas. Por el juicio arbitrario de un funcionario de equivocarse de casilla son sancionados con enormes cuantías año tras año. También eso de dar datos bancarios e información a otra nación y que puedan ser perseguidos por temas fiscales no les hace mucha gracia a las empresas donde trabajan; eso les convierte en un riesgo de seguridad.

Pero renunciar a la ciudadanía y quitarse la maldición no es tan fácil como hacer pasar el pasaporte por la trituradora. Es una decisión con serias consecuencias que no se puede tomar a la ligera. El proceso de expatriación es tortuoso y puede fácilmente terminar en la ruina económica. También las leyes estadounidenses les permiten prohibirles volver a pisar suelo estadounidense. Pero cuando Trump dijo que “todo aquél que mancillase la bandera de las barras y las estrellas se le debería quitar la ciudadanía”, muchos americanos por toda Europa se plantearon seriamente la posibilidad de quemar banderas delante de las embajadas. Para muchos la expatriación es la única manera de recuperar una vida normal. Excepto para aquellos que han nacido ahí, porque ellos están marcados de por vida.

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Pero volvamos al tema. A pesar de las cifras multimillonarias de la bofetada a las cuentas suizas son solo una pequeña mella en la enorme cifra de la deuda nacional estadounidense. En realidad, el Tio Sam actuaba de pistolero y con los cuerpos todavía humeantes de los bancos suizos fué banco por banco apuntándoles a la sien:

– Fuck!…a… ¿Cómo es la palabra?… FATCA.

No hace falta decir, que los grandes bancos europeos se cagaron. Todos eran culpables de blanquear dinero en enormes tramas financieras y todos tenían sucursales en los Estados Unidos. No se podía abandonar ese país en plena fiesta crediticia, donde hasta los adolescentes se endeudan de por vida para pagar sus estudios, mientras los tipos de interés del Banco Central Europeo estaban por los suelos. Pero los bancos se encontraron con otro enorme problema. No podían acceder a las exigencias de Washington sin violar todo tipo de leyes europeas relativas a la privacidad, secreto bancario y no discriminación. Estaban como se suele decir entre la espada y la pared.

– Mariano, *sniff * sniff* tenemos un problemón.

Los gobiernos acudieron al rescate. Uno tras otro aceptaron renegociar sus acuerdos bilaterales y accedieron a las exigencias de Washington en condiciones vergonzosas consintiendo FATCA dentro de sus territorios. Fue una bajada de pantalones. En la práctica, Washington se sirve de FATCA para imponer sus propias leyes fiscales en todo el mundo, en clara violación del principio básico de soberanía. Además esa ley no incluye ninguna clausula de reciprocidad, en la que el gobierno estadounidense se comprometa a corresponder, informando a otros gobiernos de las cuentas de sus bancos. Si el secreto bancario en Suiza fue una religión (hasta el día de la gran masacre) para muchos senadores estadounidenses que otros gobiernos puedan acceder a sus bancos rechina profundamente en su sentimiento patriótico. Pregunten a Francia y Canadá; después de años de haber mandado información han recibido hasta la fecha cero colaboración de la autoridades estadounidenses. O a Finlandia, que tuvo que llamar a consultas al director de la IRS cuando su agencia tributaria detectó miles de cuentas de residentes en Finlandia, después de haber recibido un informe del IRS de que no constaba la existencia de ninguna cuenta.

En la lista que tiene España de paraísos fiscales, sorprendentemente no figura Estados Unidos. En estados como Delaware se disfrutan de tasas tributarias ridículas y no existe ninguna voluntad para informar de cuentas de residentes en otros paises. Pero hay algunos avances. Ante las protestas de los gobiernos por las falsas promesas, Washington ya ha creado una agencia para tratar el asunto, aunque el presupuesto asignado para su funcionamiento es 0$. Pero es un detalle no despreciable viniendo de Washington, que está acostumbrado a que se acepten sus exigencias sin concesiones. La política estadounidense me recuerda a la Roma antigua, cuando los senadores hablaban de los bárbaros en los confines del imperio, se perdían en discursos ideológicos sobre la grandeza de la nación y las familias fundadoras, mientras se daban puñaladas en la espalda.

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Muchos se estarán preguntando ¿por qué no se habla demasiado sobre el tema? De momento, en Europa solo se han visto directamente afectados los que nacieron en territorio estadounidense. Porque alguien se le ocurrió que entre las presunciones de culpabilidad de ser criminales fiscales está que en el documento de identidad figure que nacieron en suelo estadounidense. Somos un grupo relativamente pequeño, quizás unos pocos miles y muy disperso en la geografía. Luego están los que nacieron en Europa y por linea parental tienen también las dos nacionalidades. Esos ya son un número mucho más alto de varios cientos de miles, aunque es fácil para ellos estar fuera del radar; pero solo de momento, hasta que empiecen a cruzar datos con Big Data e inteligencia artificial y será como cuando levantaste esa alfombra del sótano y te encontraste un nido de cucarachas. A muchos les llegará la carta del banco y en su inocencia, delatarán su ciudadanía estadounidense, sin ser conscientes de las graves consecuencias.

Se ha hablado mucho sobre la eficacia de FATCA y las propias de la OCDE para luchar contra el fraude fiscal. Si todo esto sirve de algo. Yo tengo mis propias respuestas. Por encima de todo están los serios problemas a los que se enfrentan los ciudadanos estadounidenses viviendo en Europa, que sin haber cometido realmente ningún delito, tienen que esconderse como criminales. Y aunque no tengan nada que ocultar se esconden también de las agencias tributarias europeas. Mentir está mal, pero declararse americano es terriblemente peligroso porque sería como declararse culpable ante la IRS y todos somos culpables hasta que se demuestre lo contrario. Pregunten a un francés que nació por casualidad en los Estados Unidos y se instaló en Canadá. Se dio cuenta que su nacionalidad francesa no le protegía del convenio fiscal que tiene ese país. Como en su vida nunca había hecho el equivalente a la declaración de la renta estadounidense, tenía derecho a acogerse al programa streamline; esto es como una amnistía fiscal del IRS para empezar de cero. Pero Estados Unidos es un puzzle de agencias y le cayó una multa de 50.000$ por todos los años que no había entregado el formulario 114 (FBAR) ante la Agencia de Delitos Financieros (FinCEN).

La segunda consecuencia de FATCA es que desincentiva a los propios estadounidenses sacar dinero e invertir fuera de los Estados Unidos. También las empresas offshore prefieren irse a Delaware antes que montar otra sede en Europa para evitar las farragosas imposiciones de FATCA y buscando fiscalidades bajas, porque ese estado en la práctica funciona como un paraíso fiscal. Y lo cierto es que los criminales siempre encuentran la forma de seguir siendo criminales. Cuando el Bitcoin rebasaba los 10.000 euros y se desinfló, no fue porque defraudara en su promesa de ser la moneda del futuro, sino porque ya estaba bajo la lupa de las agencias tributarias. Paradógicamente cuando el Wasington empezó otra vez con el mamporreo de los embargos, ha vuelto a subir otra vez a los 10.000 euros.

Y es que los gobiernos se han encontrado que compartir información de las cuentas bancarias con otros gobiernos no es buena idea en absoluto. Porque si permites eso, un gobierno poderoso, como los Estados Unidos que quiere, por ejemplo, declarar un embargo a Irán y estrangular a Europa de su crudo, ya no necesita acudir a la ONU y convencer a otros países para que se unan a su causa. Tiene todas las cartas para imponer su voluntad. Pregunten a un director de una compañía de comunicaciones cuando tuvo una video conferencia con la embajada americana para preguntarles cómo les afectaba eso del embargo a Huawei; ya que ellos no tenían sede en los Estados Unidos ni tratos con compañías americanas. La respuesta seca y contundente fue: “El Departamento de Estado hará uso de todos sus medios para sancionarles estén donde estén y esta postura es innegociable.” Salieron de la reunión con un palpito. Y es que las amenazas de Washington hay que tomarlas muy en serio cuando tienen cogidos por el cuello a los bancos donde tus clientes pagas las domiciliaciones.

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Lo cierto es que FATCA en su planteamiento original estaba pensado unicamente para los residentes dentro de sus fronteras, pero alguien se olvidó de corregir la palabra citizen por resident en la ley tributaria estadounidense. Casi todos los problemas y daños colaterales desaparecerían de un plumazo. No es la primera vez que los Estados Unidos en su afán de poner orden en el mundo, descuide arreglar y poner orden en su propia casa. Pero puede haber otros motivos.

Esto del citizen tiene su origen cuando Lincon exigió un impuesto para financiar la guerra de secesión y como estaba preocupado sobre el alcance del control federal sobre algunos estados de la frontera con la Confederación, se aseguró de poner la palabra “ciudadanos”. Y para algunos que Lincoln tiene el estatus de padre fundador, sus actos tienen el alcance de testamento religioso.

También puede ser porque en los Estados Unidos es frecuente el pecado de no mirarse más allá del ombligo y muchos políticos no han conocido otra cosa fuera de sus fronteras. Pregúntenle a cierto senador cuando hubo que aclararle que los alemanes que residen en los Estados Unidos no pagan impuestos a Alemanía y el hombre se quedó perplejo preguntando – ¿Es eso posible?

Pero estas explicaciones no terminan de convencer. Solo existe otro país en el mundo que exige el pago global de impuestos a todos sus ciudadanos: Eritrea. Este es un país asolado por la guerra y bajo una tiránica dictadura militar amenaza con cargos criminales para toda tu familia si no pagas un porcentaje de tus ingresos, estés donde estés. Algo que los tribunales canadienses no dudaron en sentenciar como ilegal porque el gobierno de Eritrea no tiene autoridad legislativa en Canadá. Pero cuando se trata de los Estados Unidos siempre tienen alguien de su propio gobierno susurrándoles a los oídos y a los jueces les empieza a temblar el pulso.

Por otra parte, los recursos de inconstitucionalidad de FATCA han sido rechazados repetidas veces por el tribunal supremo de los Estados Unidos ante el insólito argumento de que ellos no tienen competencia sobre las leyes fiscales. Ya es difícil creer que todo esto es un mal entendido y uno empieza a cuestionarse si realmente sus ciudadanos son daños colaterales en un juego de gran estrategia y están siendo utilizados como balas de cañón.

La clave quizás esté en que el propio concepto de ciudadanía que tiene un sentido mucho más amplio cuando empezamos hablar de entidades o “personas jurídicas” para incluir también a las empresas. Una empresa es holandesa cuando tiene su sede en Holanda ¿verdad? No según las leyes estadounidenses.

Por si no se han dado cuenta, esta cifra se ha ido incrementendo en el tiempo que le dedico a escribir párrafos.

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Ahora tengo que hablar de otra ley mucho más reciente: Global Intangible Low-Taxed Income (GILTI) ley global sobre los intangibles de bajos impuestos (o algo así). Es una ley de tanta complejidad que prácticamente hay que hacerse un máster para entenderla. Básicamente tiene como objetivo las que denomina Controlled Foreign Corporation (CFC) corporación extranjera controlada (o algo así). Estas son empresas que operan en el extranjero pero el gobierno las considera nacionales y por tanto deberían deberían pagar más impuestos. Para que nos entendamos tiene como objetivo Google, Apple, Amazon, Starbucks, … Uno piensa que todas son empresas americanas, pero en realidad Apple tiene más de empresa China que americana. Son corporaciones globales que se mueven sinuosamente entre los países con algoritmos de optimización e ingeniería fiscal para buscar las legislaciones más favorables. Estas empresas ya están en la mira de todos los gobiernos, como Alemania o el Reino Unido.

Si FATCA es el brazo de Washington, GILTI es el bate para romper la piñata de las CFC. Este es un impuesto nuevo, adicional a los que ya existen, por lo que se cobra globalmente y ni siquiera se aplican las deducciones de los tratados de doble imposición. Se paga estén donde estén, sí o sí. Estas compañías ya se han ganado la mala prensa. Cuando Washington empiece a batear a pequeños países como Irlanda y Holanda, que ya tienen mala fama de paraísos fiscales, lloverán golosinas y caramelos ante el aplauso de todo el mundo, como ya pasó con los bancos suizos. Todos querrán unirse a la fiesta. Y entonces Washington BATEARÁ A TODO EL MUNDO.

En los acuerdos bilaterales no se ha definido quienes tienen obligaciones fiscales y según las leyes estadounidenses todas las personas jurídicas estadounidenses están sometidos al pago global de impuestos, aunque operen en otro país e independientemente del origen de sus ingresos. Al consentir FATCA, el resto de las naciones, incluido España, permiten aplicar las leyes fiscales estadounidenses dentro sus fronteras y de que puedan recaudar impuestos en sus economías. Es un acuerdo de tal asimetría que solo puede calificarse de bajada de pantalones y vergüenza nacional. Todo por salvar a los bancos del chantaje de Washington, que en vez de salir escaldados de los Estados Unidos han preferido seguir viviendo la fiesta de la burbuja crediticia, mientras los gobiernos miraban para otro lado.

¿Pero qué es una “persona jurídica” estadounidense? Lo que Washington decida. Son sus leyes y las cambian y enmiendan cuando y como quieran. Ahora mismo, Blackrock y JPMorgan son los “dueños” y principales accionistas de los mercados financieros en Europa. A llegado el momento de recuperar la deuda con la que han comprado los principales bancos europeos más las plusvalías. Cuando empiecen a romper piñatas en España, solo se salvará la mancillada y desprestigiada Bankia; ese banco que no quiere nadie.

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Pero Washington está mostrando señales de nerviosismo. Le ley GILTY se ha tramitado con tanta prisa que contiene errores garrafales en su redacción y no se ha permitido pasar el habitual periodo de enmiendas. También después de cinco años, acaban de desbloquear el protocolo que se negoció con España; porque testarudamente se atrevió a exigir que el compromiso de intercambio de información estuviera por escrito. Un núcleo duro liderados por el senador Rand Paul consideraba inadmisible que ningún país extranjero pudiera mirar en las cuentas bancarias de sus ciudadanos y ¿quién es España para poner condiciones por nimias que sean? Y es que España desde la guerra del 98 siempre ha sido más recelosa, que sus socios europeos, sobre las intenciones de Washington.

Washington quizás tiene prisa por ser el primero en romper la piñata de las CFC antes que empiecen otros y llevarse las golosinas más jugosas. O quizás tienen prisa antes de que el resto del mundo se de cuenta de lo que esta a punto de pasar. Europa aunque lenta y perezosa está empezando a reaccionar; por ejemplo con la Directiva 2017/1852, que es un mecanismo para armonizar la doble imposición y los tratados fiscales bilaterales. Para Washington es fácil a ir país por país e imponer sus términos y condiciones en las mesas negociadoras; porque todo el mundo es un enano frente a Estados Unidos. Pero si Europa se levanta, a través del Consejo de Europa sería la voz de todo un continente con quien estaría obligado a tratar de igual a igual. Así que Washington tiene prisa para empezar a romper piñatas.

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