El pensamiento crítico en menéame

Menéame como herramienta para potenciar el pensamiento crítico

Se acaban de cumplir 10 años desde que terminé el trabajo de fin de Master de la Sociedad de la Información y el conocimiento. Algunos meneantes veteranos saben que este trabajo, titulado “Menéame: prácticas intensivas de Internet”, se desarrolló según el método etnográfico estudiando de forma directa a la comunidad de meneantes. Por mi propia experiencia, la idea para mi más importante que obtuve de este trabajo es el enorme potencial que tienen los proyectos de producción colaborativa y en concreto este saco para el aprendizaje. Es por esto que me quedó el gusanillo de aprovechar este potencial en proyectos colaborativos de aprendizaje. Las responsabilidades laborales y personales han impedido poder llevar a cabo esta idea, ahora que me he podido liberar un poco de estas obligaciones me gustaría poner mi granito de arena para fomentar el pensamiento crítico utilizando esta plataforma. El primer beneficiado (espero que no el único) de este proyecto de aprendizaje voy a ser yo mismo, ya que voy a poner en práctica el método desarrollado por el premio Nobel de Física Richard Feynman para aprender cualquier cosa, en este caso el concepto de pensamiento crítico y a partir de definir el concepto paso/pasamos a la fase en la que vosotros meneantes os vais a comportar como buenos niños y vais a poner todo de vuestra parte para convertiros en pensadores críticos nivel Sócrates, desarrollando, como siempre 😛 , comentarios con criterio y con el espíritu de Spinoza por bandera: 

No reírse, no burlarse ni detestar sino entender

Teniendo en cuenta que Spinoza también dijo que de lo único que nunca se podía abusar es del sentido del humor, que es todo lo contrario a la burla ya que nos ayuda a la desconexión emocional convirtiéndose en una de las herramientas más poderosas para afirmarnos en la vida. Hablando en plata, si troleáis hacedlo con gracia, ¡cabrones!. ;P

La posverdad

El estado de posverdad ha surgido al albur de la crisis financiera del 2008 y motivado por la sobreinformación propia de la sociedad del conocimiento. Según el criterio generalmente admitido (en este caso el de la Wikipedia) el estado de posverdad se caracteriza por la distorsión deliberada de una realidad en la que los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales, con el fin de crear y modelar la opinión pública e influir en las actitudes sociales. Si analizamos este desequilibrio desde la retórica aristotélica, como criterio para entender como aprehendemos el mundo, podemos razonar que la posverdad se caracteriza porque entre los pilares de esta retórica prima el pathos, emocional y subjetivo, en detrimento de la moral del ethos y del razonamiento lógico del logos.

Si analizamos el problema desde la modernidad y a partir de los conceptos de racionalidad y racionalización podemos llegar a entender mejor la paradoja que conforma la posverdad. La racionalidad es el diálogo incesante entre nuestro espíritu (en el sentido hegeliano) que crea las estructuras lógicas, que las aplica al mundo, y que dialoga con ese mundo real, a diferencia de la racionalización que pretende encerrar la realidad dentro de un sistema coherente, de tal manera que todo aquello que contradice, en la realidad, a ese sistema coherente, es descartado, olvidado, puesto al margen, visto como ilusión o apariencia.

A partir de estas ideas planteo la hipótesis de que la posverdad es consecuencia de un proceso que comienza con el exceso de información que ofrecen las TIC y en concreto Internet (infoxicación). La incapacidad de gestionar este “exceso” de información genera inseguridad y provoca dos situaciones paradójicas; por un lado se pierde el equilibrio entre los pilares de nuestro entendimiento primando al pathos emocional, en detrimento del ethos y el logos y por otro se busca la seguridad de los sistemas coherentes propio de la racionalización y se abandona el diálogo entre el mundo y las ideas propio de la racionalidad. Por todo esto es por lo que he empezado hablando de “estado de posverdad”.

El pensamiento crítico y la conciencia histórica

… cuanta pululación española y progresista en las grandes páginas del periódico, bajo la austeridad gótica de su cabecera, la novela de mi tiempo contada por entregas, lo que iba pasando cada día, la historia de España, que me llegaba asordada y un poco tardía, porque había despertado yo de pronto a algo así como la conciencia histórica, la noción de presente, lo que estaba pasando, y había hecho ese descubrimiento elemental y esencial de que la historia está ocurriendo en torno, de que la catedral del tiempo se erige a nuestro alrededor, algo así como la pasión política y la pasión aventurera al mismo tiempo.

Los helechos arborescentes. Francisco Umbral.

¡Que manera tan magistral de exponer que somos fundamentalmente un ente histórico! Este postulado, que somos un ente histórico, es la base y el fundamento para desarrollar el pensamiento crítico tanto a nivel individual como colectivo, porque las sociedades también son/somos entes históricos. Si desarrollamos el pensamiento crítico a partir de este postulado podemos ser conscientes de que no partimos de cero porque somos hijos de la ilustración y nietos de la cultura grecolatina. Por esta herencia cultural nos podemos plantear el desarrollo de una sociedad crítica en el sentido kantiano, es decir, una sociedad con individuos capaces de evaluar la realidad con la razón y por la racionalidad. Mucho más importante que poder plantearnos esa sociedad es que sabemos que tenemos la capacidad de construirla, como la catedral del tiempo a la que alude Umbral, porque la capacidad del ser humano es como la naturaleza; infinita.

Tampoco nos podemos flipar creyendo que por ese bagaje histórico lo tenemos todo hecho, todo lo contrario. Precisamente a partir de esa herencia asumimos que no sabemos nada y nos ponemos a percibir y a pensar. Como tenemos claro que estamos en una fase temprana del aprendizaje del pensamiento crítico sabemos que es momento de percibir más que de pensar. Por eso empezamos a desarrollar el marco de estudio definiendo el concepto de pensamiento crítico.

Durante los años 1988 y 1989 un amplio panel de expertos, provenientes de muchas disciplinas académicas, se reunió para discutir sobre qué es el pensamiento crítico. Como resultado de estas reuniones se publicó “El informe Delphi” en el que se define el pensamiento crítico como:

El juicio auto regulado y con propósito que da como resultado interpretación, análisis, evaluación e inferencia; como también la explicación de las consideraciones de evidencia, conceptuales, metodológicas, criteriológicas o contextuales en las cuales se basa ese juicio. El Pensamiento Crítico es fundamental como instrumento de investigación. Como tal, constituye una fuerza liberadora en la educación y un recurso poderoso en la vida personal y cívica de cada uno. Si bien no es sinónimo de buen pensamiento, el Pensamiento Crítico es un fenómeno humano penetrante, que permite auto rectificar.

En ese mismo informe se definió al pensador crítico ideal como:

Una persona habitualmente inquisitiva; bien informada, que confía en la razón; de mente abierta; flexible; justa cuando se trata de evaluar; honesta cuando confronta sus sesgos personales; prudente al emitir juicios; dispuesta a reconsiderar y si es necesario a retractarse; clara respecto a los problemas o las situaciones que requieren la emisión de un juicio; ordenada cuando se enfrenta a situaciones complejas; diligente en la búsqueda de información relevante; razonable en la selección de criterios; enfocada en preguntar, indagar, investigar; persistente en la búsqueda de resultados tan precisos como las circunstancias y el problema o la situación lo permitan.

Esta definición coincide totalmente con el perfil del meneante medio 😛 . Bromas aparte, cualquiera que no peque del atrevimiento propio de la ignorancia es consciente de lo complejo que es conseguir y mantener la actitud necesaria para llegar a ser un pensador crítico en los términos que plantea esta definición, que va mucho más allá de aplicar un método o metodología, actitud a la que nos podemos acercar con humildad, esfuerzo y con mucho amor por el conocimiento.

A partir de lo planteado hasta aquí es conveniente exponer los siguientes fundamentos:

  • La posverdad nace paradójicamente de la racionalización imperante en nuestra cultura, heredera de la modernidad kantiana.
  • Si asumimos que para superar el estado de posverdad es necesario desarrollar una cultura del pensamiento crítico este debe estar fundamentado en la racionalidad no en la racionalización.
  • El pensamiento crítico no es un método ni una metodología, es una actitud cargada de complejidad e incertidumbre, que se puede desarrollar con humildad, esfuerzo y con mucho amor por el conocimiento.

El pensamiento científico y el pensamiento filosófico

Había terminado este apartado cuando una conversación sobre la dicotomía entre ciencia y filosofía me ha hecho replantear el enfoque y me he decidido a desarrollarlo en función de esa dicotomía. La primera vez que fui consciente de la problemática entre ciencia/técnica y filosofía fue estudiando en la Facultad de Informática de la Universidad Politécnica de Madrid la metodología de desarrollo Software orientada a objetos. Como le pasó a Kant con Hume, el profesor Nelson Medinilla me ayudó a despertar del sueño dogmático que sufríamos los programadores en aquellos momentos. Ese sueño dogmático nos hacía creer que la solución al problema del desarrollo software estaba en la estricta aplicación del método cartesiano, según el cual verificando las evidencias reales e indudables acerca del problema a resolver, analizando, es decir, dividiendo al máximo el problema en sus unidades de composición fundamentales, sintetizando, o sea, agrupando nuevamente las unidades anteriormente descompuestas en su conjunto real y enumerando todas las conclusiones y principios utilizados, se encontraba indefectiblemente la solución al problema. Es evidente que los primeros informáticos, por ser en su mayoría matemáticos, tenían muy claro el método cartesiano pero no habían llegado a entender el giro copernicano de Kant y lo que afecta a la comprensión del mundo.

Con el objetivo de acercar el problema a nuestro día a día y buscando un enfoque más didáctico, voy a hacer uso de dos conceptos que parecen antagónicos y que manifiestan, en este saco continuamente, la problemática entre ciencia/técnica y filosofía, a saber; el cientifismo y la pseudociencia caracterizada por otro concepto utilizado por aquí ad nauseam; magufo. Voy a afrontar esta problemática desarrollando el concepto de cientifismo, también porque considero que la polémica bien utilizada y con la actitud adecuada puede llegar a ser la mejor herramienta de aprendizaje.

Según Gerard Radnitzky el cientificismo es:

La creencia dogmática de que el modo de conocer llamado ‘ciencia’ es el único que merece el título de conocimiento, y su forma vulgarizada: la creencia de que la ciencia eventualmente resolverá todos nuestros problemas o, cuando menos, todos nuestros problemas ‘significativos’. Esta creencia está basada sobre una imagen falsa de la ciencia. Muchos e importantes filósofos, desde Nietzsche a Husserl, Apel, Gadamer, Habermas, Heelan, Kisiel, Kockelmans y otros, han considerado el ciencismo (o cientifismo) como la falsa conciencia fundamental de nuestra era

Es necesario dejar claro que el camino que permite la superación de esta creencia dogmática nada tiene que ver con la negación del valor de la ciencia, todo lo contrario. Aunque parezca paradójico, una crítica al cientificismo en la actualidad supone revalorizar el conocimiento científico. La ciencia se apoya en unos supuestos filosóficos que son imprescindibles para que los resultados científicos tengan sentido. El análisis de esos supuestos expone que la ciencia experimental se apoya en un realismo filosófico que, desarrollado de modo riguroso, contiene una gnoseología y una metafísica que permiten mostrar la coherencia entre la ciencia experimental y la filosofía realista.

El cientificismo se basa en la fiabilidad de la ciencia experimental, que permite formular predicciones comprobables, tiene un carácter progresivo y, sobre todo, sirve para obtener aplicaciones útiles. Esa fiabilidad es real y se fundamenta en una restricción del ámbito científico. Cada ciencia delimita su objeto definiendo conceptos básicos que se relacionan con experimentos repetibles, pero la realidad carece de restricciones, manteniéndose siempre plena de complejidad e incertidumbre, por lo tanto sobrepasa las posibilidades del método experimental. Con el objetivo de aclarar este punto voy a volver al entorno que mejor conozco, el del desarrollo software. Me permito esta licencia porque la reflexión y sus conclusiones serían fácil y directamente extrapolables a cualquier otro entorno. En la época “cartesiana” del desarrollo software se partía de la idea de que con tiempo y paciencia se podía recoger toda la información del problema a resolver desde el inicio, antes de comenzar a desarrollar la solución, se asumía que desde el principio somos capaces de conocer el problema y la solución, pero la realidad se caracteriza por la complejidad e incertidumbre y lo “natural” es que aunque se pueda conocer de inicio el problema es muy raro que se pueda llegar a conocer la solución por muy ímprobo que sea el esfuerzo por recoger los requisitos, esto es así porque vivimos en un entorno cambiante y por lo tanto lleno de incertidumbre. Lo “normal” es que la solución definitiva nunca se encuentre, la cruda realidad nos obliga a que con humildad y trabajo nos acerquemos a resolver los problemas que nos presenta la realidad de una forma cíclica en lugar de lineal, por eso en desarrollo software se habla de metodologías iterativas e incrementales. De este planteamiento surgen metodologías para el desarrollo “ágil” del software a partir de las que se han desarrollado marcos de trabajo como Scrum. Estas metodologías y marcos de trabajo han resultado tan eficaces y eficientes que se utilizan para el desarrollo y gestión de cualquier tipo de proyecto.

La historia del cientificismo se ha desarrollado del modo siguiente: primero se afirmó que la ciencia moderna venía a sustituir a la antigua filosofía natural; después se pensó que la nueva ciencia era capaz de solucionar todos los problemas por sí sola, y se acabó denunciando a las demás pretensiones cognoscitivas como carentes de sentido; finalmente, al advertir que la ciencia encuentra muchos límites y progresa gracias a la utilización de construcciones convencionales, se ha generalizado un relativismo que se aplica a la ciencia en primer lugar, pero se extiende a continuación a todo el conocimiento humano. No estoy diciendo con esto que la responsabilidad de la aparición de las pseudociencias sea del cientifismo, si no que se pueden tomar como una representación útil de una dialéctica, en el sentido hegeliano, en la que el pensamiento crítico podría ser la síntesis. Se que acabo de hacer una simplificación de la dialéctica de Hegel que raya el absurdo, pero esta simplificación puede ser útil pedagógicamente hablando.

Conclusiones

Para Bertrand Russel

La ciencia nos refiere lo que podemos saber, mas lo que podemos saber es poco, y si olvidamos cuánto nos es imposible saber, nos hacemos insensibles a muchas cosas de la mayor importancia.

El problema fundamental que surge si obviamos eso que no podemos saber con certeza científica pero nos es necesario es que esa actitud abona el terreno para el dogmatismo. Para Russell la incertidumbre de la compleja realidad se puede afrontar por medio de la filosofía.

Enseñar cómo vivir sin certeza y, sin embargo, sin estar paralizado por la vacilación es quizás lo más importante que la filosofía, en nuestra época, puede hacer por quienes la estudian.

Para el problema concreto que nos ocupa, el del pensamiento crítico, la filosofía/ciencia/técnica y su historia representa la gran aventura del conocimiento humano en la búsqueda de respuestas sobre lo que podemos conocer y lo que nos puede llegar a interesar conocer, por lo que si hablamos de los fundamentos del pensamiento crítico estamos hablando de los fundamentos de la filosofía/ciencia/técnica.

En posibles artículos posteriores desarrollaré “diseños instructivos” con un enfoque conectivista con material que ayude a comprender esa aventura, por lo tanto nos ayude a conocernos a nosotros mismos y a partir de ese conocimiento desarrollar nuestra capacidad de pensamiento crítico… Casi ná.

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