La cultura del "pelotazo" es otra, y es la que más afecta a los jóvenes

Que nadie se asuste por las cosas que escuchamos hoy en día. Prácticamente lo veíamos venir. Chavales que se gastan la pasta en una casa de apuestas buscando un golpe de suerte. Jóvenes que se mudan a otros países para pagar menos impuestos. Próximos padres primerizos que declaran abiertamente que “lo mejor para tener al crío es irse a la (sanidad) privada, porque la pública es una mierda”.

Llevamos cultivando el germen desde hace muchos años. Educamos a nuestros hijos, que son los adultos de hoy, en un contexto de darwinismo económico creciente: lo tuyo es tuyo y de nadie más, y si los demás no lo tienen, que se jodan. Todo aderezado con una clase política ejemplar (por ser ejemplo perfecto de lo mencionado), una normalización de la precariedad y la pobreza, y el barniz de que todo éxito económico se debe al talento propio. Un talento que no se basa en la capacidad para crear, pensar, idear, construir, sino en la de especular. Y si a la capacidad de especular se le añade el ingenio, entonces sí que cerramos el puño con “nuestros dineros”.

Y digo que lo veíamos venir porque es la misma dinámica que otros países ultracapitalistas venían imponiendo. Aquí no hemos inventado nada nuevo. Solo lo hemos importado, poco a poco, pero con éxito.

En la mente del joven, ese que lleva pocos años en el mercado laboral (si es que alguna vez ha entrado), la normalidad son esos programas americanos de televisión de compra-venta. Voy a pujar por un trastero que han embargado a algún palurdo (se lo merece por pobretón), a ver si me encuentro tesoros y me forro. Le compro a un imbécil un coche por 2.000 dólares, le cambio un par de tuercas y le doy una capa de cera, y lo revendo por 10.000. Te compro ese juguetito de madera antiguo por 50 pavos, y lo pongo en mi tienda a 200. Dinero fácil, rápido, sencillo, porque soy muy listo y se me da muy bien especular. Y todo en “cash”, en efectivo, a bote pronto, no vaya a ser que algún gobierno nos pida pagar tasas o impuestos.

Coño, que se paga 5 a 1 a que el defensa central del Deportivo Matalascañas marca un gol con el pescuezo en el minuto 78 de partido. Es el pelotazo que necesitas. Total, si pierdes, que son 20 euros, te los sacas luego con la minga. Jugando a los “slots”, eso que tu padre llama las tragaperras sacacuartos de toda la vida, pero con un nombre más “cool” acorde con tu smartphone.

Aunque ahora tienes que ahorrar, porque vas a ser mamá. Y ya te han dicho que la sanidad pública es una mierda. Jo, que tu amiga tuvo que esperar dos días a que le hicieran la cesárea, que los médicos no querían anticiparse. Mejor pedir un crédito e irse a la privada, que tienes al crío como te da la gana.

Porque eres muy lista. La nueva generación. Bien que te sacas un buen dinero vendiendo cosas por Gualapop y Binted. Cosas que no necesitas. Vale que cuando las comprase te costaron el triple, pero ahora que no las quieres, ¿para qué tenerlas tiradas por casa? Hay que cuidar la economía casera y reciclar. Por el medio ambiente.

Lo malo son la mierda de los impuestos, que te esquilman. Vigila siempre lo que compras online, no vaya a ser que tengas que pagar aranceles de aduana. Con la mierda de sueldo que cobras, lo único que te faltaba era que los vampiros de Hacienda te metan mano. Mejor en negro. O falso autónomo, que así tienes independencia, la independencia que necesita la gente joven.

¿O qué crees que hacen los que manejan tus impuestos? Carromatos de putas de lunes a domingo. Chaletes y motores V8, con un cartelaco de Securitas Direct delante, por si los chorizos de verdad.

Por eso, lo mejor es que te hagas un plan de pensiones privado. Porque no te puedes fiar de esos ladrones. Y a este paso, no habrá subsidios para cuando te hagas viejo.

Mientras tanto, para llenar la hucha, prueba a crearte un canal de Youtube, un Instagram, un OnlyFans, un Twitch. Aprende a manejar acciones en corto. Escarba en el armario de tu abuela a ver si hay algo de valor que vender. Lleva tu colgante con el crucifijo de oro de tu primera comunión a que te lo tasen. Prueba unas partiditas de bingo online. Con suerte, te llegará el pelotazo que estabas esperando, y casi sin tener que trabajar. No te puedes fiar de que algún día suban el SMI, o de que implanten el despido libre. La precariedad y la pobreza es tu nuevo día a día, y lo único que te puede salvar es el pelotazo.

Eso sí, que dentro de unos años acabes arruinado, sin nadie que te sustente, yendo al banco de alimentos a por algo de comida, y con ganas de quemar contenedores o suicidarte, es por culpa de tu falta de espíritu de trabajo y de tu ausencia de méritos. Y de la inmigración. Y de que el mercado no es realmente libre. Y del sistema educativo, que no te ha enseñado a ser productivo. Y de los chinos.

Porque la base de la cultura del “pelotazo” es que se sustenta en el beneficio y las mieles del éxito, y eso no es así. Quizá en los casos mediáticos, los que conocemos o nos hacen llegar o que quieren que veamos, los ilegales y los menos legales. Pero la cultura del “pelotazo” es otra: la de la ruina, la subsistencia y la miseria. Y no creo que exista un futuro muy apacible si no enseñamos a los jóvenes a percibirla antes de expermentarla.

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