Cogolludo, puerta de la serranía de Guadalajara

Cuando se analiza el Renacimiento de la Península Ibérica, muchos mencionan el palacio de Santa Cruz de Valladolid como el primer ejemplo de dicho estilo. Sin embargo, esta consideración se encuentra disputada por el Palacio de los Duques de Medinaceli, en Cogolludo, un complejo que –para algunos autores– se constituye como la muestra íntegra original de la arquitectura renacentista en Castilla.

Pero debates historiográficos aparte, la relevancia histórica y patrimonial de este monumento cogolludense es evidente. El edificio se levantó a finales del siglo XV, por orden de Luis de la Cerda, I Duque de Medinaceli, y fue diseñado por Lorenzo Vázquez de Segovia. Su fachada exhibe un almohadillado en la línea del Palazzo Strozzi de Florencia, y destaca por su simetría, con un acceso plateresco y tres ventanales a cada lado. La portada se encuentra coronada por una crestería, con el fin de camuflar el tejado palaciego, para que no se vea desde la plaza Mayor de la localidad.

El interior del complejo no se conserva en su totalidad. Sólo se pueden recorrer 1.061 metros cuadrados de los 2.750 que llegó a ocupar. Es reseñable la ornamentación mudéjar –compuesta por azulejos– que embellecen suelos y zócalos. Y, sobre todo, el patio central, del que se conservan sus arcos de un Renacimiento suntuoso.

Una de las señas de identidad de Cogolludo es, sin duda, su importante patrimonio histórico. Además del Palacio, están declarados Bienes de Interés Cultural y por tanto con una protección estricta de Patrimonio, la Iglesia de Santa María, el Castillo y la Plaza mayor, estando actualmente en proceso de declaración la Iglesia de San Pedro. Pronto se iniciará la tramitación de la declaración del pozo de nieve, o nevera, como se la conoce en la villa serrana desde tiempos inmemoriales. Además gozan de protección por patrimonio, el Convento del Carmen y otros elementos como las ermitas.

Este grandioso patrimonio monumental, además de poder disfrutarlo a diario, es una referencia provincial en turismo y poder desarrollar a su sombra, otras actividades económicas paralelas como el turismo gastronómico, de naturaleza o de monumentos. Por ello, tras la rehabilitación del Convento del Carmen mediante la iniciativa privada, la puesta en valor y recuperación de la nevera, es un nuevo hito a sumar al impresionante patrimonio histórico de la villa.

Sin duda, Cogolludo tenía una deuda con esta pequeña pero valiosa joya. El Ayuntamiento, en sucesivas anualidades, emprendió un minucioso trabajo de restauración, que ha conducido a próxima inclusión en la ruta turística de Cogolludo. Este próximo verano, aprovechando la máxima afluencia de cogolludenses a la localidad, la nevera será presentada a todos los vecinos del pueblo, con visitas guiadas en actos similares a los que tanto éxito tuvieron con la presentación de la restauración del Convento del Carmen. Se trata, con toda seguridad, del pozo de nieve mejor conservado de la provincia, donde se conocen muy pocos, y uno de los mejor conservados de toda España de su época, ya que muy posiblemente date de los tiempos de la construcción del castillo, que hay que recordar que ya estaba construido en el año 1.176, cuando Alfonso VIII le dona «…Cogolludo, su castillo, tierras y aldeas…» a la recién creada Orden de Calatrava. Desgraciadamente es imposible datar su origen, pero por el tipo de construcción, no hay duda de que es medieval y posiblemente con una antigüedad superior a los 800 o 900 años.

Además, el próximo 19 de marzo  se cumplirán 530 años de la carta que escribe don Luis de la Cerda, I Duque de Medinaceli a su tío el Cardenal Mendoza y que es el primer documento escrito que confirma el descubrimiento de América.

La carta está fechada en la villa de Cogolludo a 19 de marzo de 1493, y se encuentra en el Archivo Nacional de Simancas (Valladolid), si bien el Ayuntamiento de Cogolludo cuenta con una fidedigna reproducción que se expone en el Palacio Ducal, junto a su traducción literal. En ella se dice que el duque ha alojado a Cristóbal Colón dos años en su casa, que partió hace 8 meses hacia las Indias, que ha regresado desde Lisboa y que ha hallado todo lo que buscaba. Este documento es importantísimo porque implica que la primera noticia de que se ha descubierto un nuevo continente se supo en Cogolludo.

La localidad
Pero más allá del palacio Ducal, Cogolludo se asienta en la ladera de un cerro, que –a su vez– se encuentra coronado por las ruinas de su castillo. La fortaleza, de origen medieval, tenía planta pentagonal y torres en sus ángulos. Existe, además, una atalaya hueca cuadrada, conocida como «torre de la campana», origen de la fortaleza en el siglo IX.  Un poco más tarde, en el siglo XII, el enclave fue entregado a la Orden de Calatrava, cuyos cabecillas amurallaron el núcleo urbano. Posteriormente, fue pasando de manos hasta que, en 1810, durante la Guerra de la Independencia, se destruyó parcialmente.

Este patrimonio habla de la luenga historia de la localidad. En la Edad de Bronce –hace más de 4.000 años– hubo asentamientos poblacionales cerca del casco urbano, en el paraje del Lomo. Pero fue el rey Alfonso VI de Castilla, quien –tras la toma de Toledo en 1085– quiso estimular la repoblación cristiana del entorno, otorgando el Fuero de Cogolludo. Lo hizo en 1102, poniendo –así– facilidades para la llegada de vecinos procedentes del norte del reino.

De hecho, y según los historiadores locales, la primera mención de la población fue un diploma real de 14 de mayo de 1100, en el que ese Alfonso VI donaba al abad del monasterio De San Pedro de Gumiel la villa Fonciana, situada entre los términos de Hita y Cogolludo.

Los primeros señores cogolludenses fueron los prelados toledanos, aunque –posteriormente– otorgaron la localidad a la Orden de Calatrava, en cuyas manos permaneció hasta 1377. En ese momento, la población fue de los Mendoza, que la gestionaron hasta 1435, cuando volvió a ser de dominio Real. Sin embargo, tres años más tarde –en 1438– los Reyes Católicos concedieron a Luis de la Cerda y Mendoza el Ducado de Medinaceli, iniciándose –así– el poderío de este linaje sobre Cogolludo.

El esplendor de la villa tuvo lugar durante el siglo XVI, gracias a estos mismos aristócratas. Bajo su influjo, se diseñaron la plaza Mayor, el segundo perímetro de murallas, la iglesia de Santa María y el Convento del Carmen. Un potencial que también se reflejó en la demografía municipal, que llegó a acumular 3.500 habitantes.

Esta riqueza histórica y patrimonial se puede sazonar con la gastronomía del emplazamiento. La villa es muy conocida por su forma especial de cocinar el cabrito asado. Los restaurantes del lugar se han especializado en este plato, que –además– se encuentra acompañado por productos de la tierra. Entre ellos, los vinos ‘Finca Río Negro’, una bodega fundada en 1998 y cuya labor ha obtenido diferentes reconocimientos. Incluso, ha apostado por el enoturismo, diseñando diferentes ideas en los alrededores.

Y si el caminante quiere bajar un poco estas sabrosas viandas, el entorno cogolludense ofrece un interesante entorno natural. El mismo se encuentra surcado por rutas de senderismo y de cicloturismo. Por tanto, esta localidad combina –de manera magistral– el patrimonio, la historia, los valores ambientales, la enología y la gastronomía. Todo ello, además, a pocos kilómetros de la entrada a la Sierra de Guadalajara, una comarca declarada Parque Natural.


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