Sobre: Navajas

“En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable.”

Para los pocos a los que no os suene, ese es el principio de la navaja de Ockham, un fraile franciscano del siglo XIII que tenía por hobbies la medicina, la teología y el caso que nos ocupa, dar por culo con la lógica.

Su principio debería ser sencillo, si algo suena mu raro, igual no es verdad, años más tarde su principio se reforzaría con el “Afirmaciones extraordinarias, requieren evidencias extraordinarias” que popularizó Carl Sagan, si algo suena muy raro, vas a tener que argumentármelo muy bien, porque si no aquí el señor Guillermo de Ockham is in da house, bitches.

Ambos principios deberían formar parte del ABC de nuestra metodología de análisis de la información, deberían ser un banner constante en la cabecera de todo medio de comunicación y enseñarse en el colegio desde la guardería hasta el doctorado, aprendemos a hablar, leer, matemática básica y estadística de andar por casa, pero nadie nos enseña a detectar mentiras y falacias, aplaudiría con las orejas si a los críos se les evaluase en detectar mentiras, medias verdades y tergiversaciones en base a una metodología del análisis de quien dice la información, por qué la dice, cuál es su sesgo y qué elementos podemos considerar como válidos y cuales responden a falacias, así como ponderación de fuentes de datos, si algo responde a un análisis medianamente riguroso, o es un me saco el ciruelo y digo la primera chorrada que se me ocurre.

Esta semana ha estallado por fin la trama de noticias falsas orquestada para abatir a Podemos desde las cloacas del Partido Popular (no digan “gobierno” buena gente, “gobierno” es impersonal, digan la organización que ha montado todo este chiringuito, pónganle cara a los delitos, que si no, perdemos familiaridad). Pablo Iglesias no es santo de mi devoción, por muy rojillo que algunos me consideren hay algunos aspectos de su discurso y sobre todo algunas formas con las que no estoy a gusto, no creo que sea un delincuente, un retrasado o un ultra como si opino de otros dirigentes, de hecho dentro del panorama dantesco de mierda pa escoger de nuestro circo político, puede que sea de la que menos me huele a ponzoña. Pero el caso es que el sector más alocado de nuestras cloacas los marcó como diana y atacó con todo lo gordo.

En todo este espectáculo hay muchos actores involucrados, tenemos una cúpula política que lleva actuando como organización delictiva en este país desde mucho antes de que yo me pusiese palote viendo a Xuxa, fuerzas y cuerpos de seguridad del estado que parecen sacados de un tebeo de “Mortadelo y Filemón”, “periodistas” a los que ese calificativo, aún con todas las connotaciones negativas que lleva arrastrando el término, les viene muy grande, grandes empresas que están conformando una distropía cyberpunk que ha substituido las promesas de punkys hackers y luces de neón por la tecnopandereta y olé, y sobre todo tu y yo, que cada día que pasa, somos un poco más lelos.

Porque en todo este berenjenal hay culpables, no me malinterpretéis, aquí hay gente que mínimo debería pasar por un juzgado, pero tú y yo tenemos también culpa y esto se está pasando por alto, el debate debería centrarse en el grave problema que tenemos, sí, tenemos con el pensamiento crítico, un artículo de un periódico, a día de hoy que puedes acceder a la fuente original de datos y echar cuentas sobre lo que te dicen no debería ser considerada una “fuente fiable”. Te han mentido, en tu puta cara, y lo siguen haciendo, y se sigue desplegando el embuste, no es cosa del pasado y es tu responsabilidad empezar a desenmascarar las chorradas empezando por las que te crees tu mismo e intentando hacer entrar en razón a otros, la guerra continua.

No pasa un puto día sin que lea a alguien hablar de marxismo cultural, de reemplazo inmigrante, islamización de la población europea, de la conjura de Soros, de feminazis postmodernas castrahombres, el lobby gay… De miedo, del discurso del miedo, articulado y aupado desde las redes sociales por exactamente los mismos medios de comunicación que confraternizan con Villarejo, con personajillos de dudoso bagaje cuyo discurso hace mella en base a reducciones al absurdo, falsas verdades, estadísticas sesgadas y sensacionalismo barato. Si, existen los problemas, y no yo no tengo una solución mágica a ellos, son problemas serios de calado y que merecen un análisis riguroso y caso a caso. Hay problemas de integración, hay un debate abierto sobre los límites de la libertad de expresión y el hostigamiento a minorías o los mensajes de odio, sobre la igualdad de género y sexo, sobre inmigración, sobre capitalismo global, sobre ecología, sobre el humor… Y es un debate sano y sobre todo necesario, pero es un debate donde todos deberíamos acordarnos de Ockham y Sagan e intentar argumentar nuestras posturas no en base a lo que leemos o vemos decir a alguien, si no en lo que deducimos de los datos presentados y tras un poco de análisis.

La guerra informativa no acaba con esto, simplemente se hace más evidente las armas que se usan para ganarla.

(*) A veces, la manipulación no es tan sutil… y cuela igual.

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