Convivir con un trastorno delirante (psicosis paranoide). Respondo a vuestras preguntas

Esta es la historia de un buen hombre, al cual unos padres bastante desprovistos de cariño lo abandonaron a su suerte a causa de una enfermedad dada en la primera infancia. Ése hombre creció siempre con ésa rémora; conviviendo con una enfermedad que con el tiempo tampoco le ha dado problemas para desarrollarse en todos los ámbitos, pero cuyas negligencias vividas en la crianza, le han marcado y mucho. Ése hombre es mi padre y la verdad, es la persona más noble que conozco.

Ser abandonado por sus padres biológicos no ha sido un trance fácil; su vida no ha sido sencilla; tuvo que ser un hombre cuando debía ser un niño. Y después de muchos años con una depresión silenciosa pero cronificada, los sufrimientos que le ha derivado tener a un hijo como es mi caso, con TOC, padecer el tormento de que su mujer tuviese cáncer y demás historias que serían largas de contar…Hace unos meses, éste buen hombre, desarrolló un cuadro patológico caracterizado por delirios, irritación/hostilidad, agitación y oscilaciones muy marcadas (ciclotimias) en el estado de ánimo. Fue un trance complejo, sobre todo durante los dos primeros meses. Pero ahora, tras recibir muchos buenos consejos, se ha llegado a un abordaje de tipo psiquiátrico con unas pautas adecuadas a seguir y desde hace unas semanas, los síntomas han remitido casi por completo.

El diagnóstico (la psiquiatría no es una ciencia exacta) prácticamente se sitúa cercano a un trastorno delirante. No suele ser infrecuente dicha casuística pues a edades posteriores a la jubilación, los estudios médicos documentan un porcentaje nada despreciable de personas que lo padecen. El trastorno delirante, encuadrado dentro de los trastornos del espectro de la esquizofrenia, se caracteriza por delirios que pueden ser de diverso tipo, como síntoma principal. Y dichos delirios no entorpecen ninguna actividad ni causan deterioro cognitivo ni físico a ningún nivel. Al principio, tuvimos miedo; podía ser una demencia de tipo delirante, pero para que ello se confirmase síntomas como la pérdida de memoria o el lenguaje incoherente, amén de un aplanamiento absoluto, deben concurrir siempre. Como no ha sido el caso y la evaluación neuropsicológica no ha revestido ninguna preocupación al respecto, con el tiempo, en casa, nos hemos habituado a dicha perspectiva y lo tomamos con normalidad. Recalco, ha sido complicado, pero también es verdad que desde hace unas pocas semanas, la sintomatología está prácticamente ausente (esperemos que dure). De ser así, aún será necesario continuar el tratamiento por tiempo prolongado.

Para mí, ha sido otra experiencia de vida y una lección para lo que debe ser la comprensión y la convivencia con una persona querida que tenga éste tipo de problemas.

Estaré encantado de responder a lo que gustéis conocer sobre ésta enfermedad.

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